jueves, 28 de octubre de 2010
SÍNODO 2012: LA NUEVA EVANGELIZACIÓN
miércoles, 20 de octubre de 2010
CARTA A LOS SEMINARISTAS: ¡VALE LA PENA SER SACERDOTES!
El día de san Lucas Evangelista, 18 de octubre, el Papa Benedicto XVI publicó una carta dirigida a los seminaristas con el fin de animarles en el camino que han emprendido, camino que les conducirá hacia el ministerio sacerdotal en la Iglesia católica.
En algunos ambientes culturales la presencia de la Iglesia católica se percibe con cierta hostilidad. La profesión de la fe, en Dios revelado en Jesucristo, lleva también a una opción por la dignidad de la persona humana, en cualquiera de sus etapas en que se encuentre. Muchas cuestiones morales y antropológicas “progresistas” o de “moda” encuentran como enemiga a la Iglesia. Quisieran que no siga más.
Ante las muchas objeciones que pudiera escuchar un seminarista para desistir del camino andado, el Papa les dice: “se han puesto en el camino hacia el ministerio sacerdotal en contra de estas objeciones y opiniones. Han hecho bien… los hombres, también en la época del dominio tecnológico del mundo y de la globalización, seguirán teniendo necesidad de Dios, del Dios manifestado en Jesucristo y que nos reúne en la Iglesia universal… Dios está vivo y necesita de hombres que vivan para Él y que lo lleven a los demás… tiene sentido SER SACERDOTE!
miércoles, 29 de septiembre de 2010
NUNCA ES TARDE...
viernes, 17 de septiembre de 2010
"COR AD COR LOQUITUR"
En días pasados he estado leyendo “Scritti oratoriani”, una edición que recoge los textos manuscritos de John Henry Newman sobre el “oratorio de Birminghan”. Se pretende mostrar la espiritualidad sacerdotal, es decir, ¿qué tipo de sacerdote fue Newman durante toda su vida?
John Henry Newman tuvo una vida larga (1801-1890) y muy rica en acontecimientos. La primera etapa de su vida la vive como ministro anglicano. Le atraía la idea de ser misionero. Destaca como un elocuente predicador. Después de algunos años, decide realizar investigaciones sobre los primeros siglos del cristianismo para encontrar dónde está la verdadera Iglesia de Cristo. Impulsa el movimiento de Oxford. Hasta el momento era convencido que la iglesia anglicada era una tercera vía situada entre el catolicismo y el protestantismo. Durante cuatro años estudia la crisis arriana del siglo IV. Cuando concluye esta búsqueda su conciencia le imponía unirse a la Iglesia católica. Estaba convencido que “los Padres -de la Iglesia- me han hecho católico”.
sábado, 3 de julio de 2010
EVANGELIZACION, NUEVA EVANGELIZACION, RE-EVANGELIZACION
El Papa Benedicto ha decido crear un “Consejo Pontificio” con la tarea principal de promover una renovada evangelización en los países donde ya resonó el primer anuncio de la fe. El anuncio lo hizo durante la celebración de las primeras vísperas de la solemnidad de san Pedro y san Pablo.
Benedicto XVI quiere retomar los pasos que han dado los anteriores pontífices, especialmente después del Concilio Vaticano II: Pablo VI impulsó la tarea misionera con la Exhortación apostólica "Evangelii nuntiandi"; Juan Pablo II vivió este espíritu misionero, animando a una nueva evangelización como tarea de la Iglesia en el tercer milenio.
La misión no se concibe solamente como primer anuncio de Cristo, de su evangelio, de la “Buena Noticia”, de la salvación (esto sería la evangelización), o con nuevas maneras de hacer efectivo este anuncio (la nueva evangelización, nueva en sus métodos, nueva en su ardor); la misión de la Iglesia es actual para cada generación de cada lugar, para los cristianos de hoy, vivan donde vivan. No se puede vivir de las glorias del pasado (especialmente lugares de rica tradición del pasado). La Iglesia es en el mundo una inmensa fuerza renovadora gracias a la fuerza del Evangelio. Es por esto necesario volver a encontrar los medios adecuados para volver a proponer la perenne verdad del Evangelio de Cristo.
domingo, 16 de mayo de 2010
TODOS EN ROMA JUNTO AL PAPA!
La Plaza de San Pedro se vistió de fiesta, este domingo 16 de mayo, en un ambiente de oración. “Querido Santo Padre estamos contigo”, “Con el Papa”, “Todos Juntos con el Papa”… se leía en los mensajes de las pancartas que ondeaban en la plaza. El encuentro fue promovido por La Consulta Nacional de Agregaciones Laicales (CNAL), para manifestar el afecto y la solidaridad al Papa.
El encuentro de oración lo presidió el cardenal Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, luego leyeron algunos textos del Papa al inicio de su pontificado. Mientras tanto, la Plaza era incapaz de contener a toda la gente que llegaba por la Via Concilizione, Ottaviano, y alrededores. Grupos de parroquias, numerosas asociaciones laicales, los nuevos movimientos, familias, todos para estar presentes con el Papa. Algunos turistas expresaban su admiración ante tanto entusiasmo.
Y el Papa lo agradeció. Grazie di essere venuti! Gracias por estar presentes! El aplauso era interminable. Inmensa era emoción de la gente. Una vez más, la alegría de vivir la fe, el reconocimiento del valor del Papa, la confianza en los sacerdotes, y el deseo de testimoniar a Cristo Resucitado ha dado vida a este encuentro en Plaza de San Pedro. Una vez más, el Papa lo repitió: “El verdadero enemigo de la Iglesia es el pecado”.
viernes, 14 de mayo de 2010
CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN DE MARÍA
Madre Inmaculada,
en este lugar de gracia,
convocados por el amor de tu Hijo Jesús,
Sumo y Eterno Sacerdote, nosotros,
hijos en el Hijo y sacerdotes suyos,
nos consagramos a tu Corazón materno,
para cumplir fielmente la voluntad del Padre.
Somos conscientes de que, sin Jesús,
no podemos hacer nada (cfr. Jn 15,5)
y de que, sólo por Él, con Él y en Él,
seremos instrumentos de salvación para el mundo.
Esposa del Espíritu Santo,
alcánzanos el don inestimable
de la transformación en Cristo.
Por la misma potencia del Espíritu que,
extendiendo su sombra sobre Ti,
te hizo Madre del Salvador,
ayúdanos para que Cristo, tu Hijo,
nazca también en nosotros.
Y, de este modo, la Iglesia pueda
ser renovada por santos sacerdotes,
transfigurados por la gracia de Aquel
que hace nuevas todas las cosas.
Madre de Misericordia,
ha sido tu Hijo Jesús quien nos ha llamado
a ser como Él:
luz del mundo y sal de la tierra
(cfr. Mt 5,13-14).
Ayúdanos,
con tu poderosa intercesión,
a no desmerecer esta vocación sublime,
a no ceder a nuestros egoísmos,
ni a las lisonjas del mundo,
ni a las tentaciones del Maligno.
Presérvanos con tu pureza,
custódianos con tu humildad
y rodéanos con tu amor maternal,
que se refleja en tantas almas
consagradas a ti
y que son para nosotros
auténticas madres espirituales.
Madre de la Iglesia,
nosotros, sacerdotes,
queremos ser pastores
que no se apacientan a sí mismos,
sino que se entregan a Dios por los hermanos,
encontrando la felicidad en esto.
Queremos cada día repetir humildemente
no sólo de palabra sino con la vida,
nuestro “aquí estoy”.
Guiados por ti,
queremos ser Apóstoles
de la Divina Misericordia,
llenos de gozo por poder celebrar diariamente
el Santo Sacrificio del Altar
y ofrecer a todos los que nos lo pidan
el sacramento de la Reconciliación.
Abogada y Mediadora de la gracia,
tu que estas unida
a la única mediación universal de Cristo,
pide a Dios, para nosotros,
un corazón completamente renovado,
que ame a Dios con todas sus fuerzas
y sirva a la humanidad como tú lo hiciste.
Repite al Señor
esa eficaz palabra tuya:“no les queda vino” (Jn 2,3),
para que el Padre y el Hijo derramen sobre nosotros,
como una nueva efusión,
el Espíritu Santo.
Lleno de admiración y de gratitud
por tu presencia continua entre nosotros,
en nombre de todos los sacerdotes,
también yo quiero exclamar:
“¿quién soy yo para que me visite
la Madre de mi Señor? (Lc 1,43)
Madre nuestra desde siempre,
no te canses de “visitarnos”,
consolarnos, sostenernos.
Ven en nuestra ayuda
y líbranos de todos los peligros
que nos acechan.
Con este acto de ofrecimiento y consagración,
queremos acogerte de un modo
más profundo y radical,
para siempre y totalmente,
en nuestra existencia humana y sacerdotal.
Que tu presencia haga reverdecer el desierto
de nuestras soledades y brillar el sol
en nuestras tinieblas,
haga que torne la calma después de la tempestad,
para que todo hombre vea la salvación
del Señor,
que tiene el nombre y el rostro de Jesús,
reflejado en nuestros corazones,
unidos para siempre al tuyo.
Así sea.