El Movimiento por la Vida, presente en diversos países europeos, entregó recientemente una petición firmada por 500 mil ciudadanos europeos, al presidente del Parlamento europeo en la cual solicitan tres aspectos bien definidos: primero, el reconocimiento de la persona desde la concepción hasta la muerte natural; segundo, la defensa de la familia natural fundada sobre el matrimonio compuesto por un hombre y una mujer, y en tercer lugar, la petición que se suspenda la financiación de programas que utilizan embriones para extraer células estaminales embrionarias (itaiano).
Por su parte el Presidente del Parlamento, Jerzy Busek, ha mostrado gran disposición para acoger la iniciativa presentada por estos movimientos y se comprometió a que tal petición esté en la agenda para ser discutida en el Parlamento.
El presidente del Movimiento por la Vida en Italia y miembro del Parlamento, Carlo Casini, sostiene que tal iniciativa tiene su fundamento en el reconocimiento de la igual dignidad de cada persona humana. Además esta mismo derecho es reconocido en el Tratado de Lisbona. Casini sostiene que la igualdad y la dignidad humanan son las bases de la libertad, la democracia y la solidaridad.
El Movimiento por la Vida tiene como objetivos promover y defender el derecho a la vida y a la dignidad del hombre, desde la concepción hasta la muerte natural, favoreciendo una cultura de la acogida de la vida.
Una de las últimas intervenciones del Papa en su visita en Angolase refirió a la promoción de la dignidad de la mujer. Ante las discriminaciones que en la actualidad sufren las mujeres, el Papa enfatiza: “los designios de Dios son diferentes”.
“Un saludo lleno de afecto y esperanza a las mujeres, a las que Dios ha confiado la fuente de la vida: vivís y apostáis por la vida, porque el Dios vivo ha apostado por vosotras.
Exhorto a todos a ser realmente conscientes de las condiciones desfavorables a las que han estado sometidas - y lo siguen estando -muchas mujeres, examinando en qué medida esto puede ser causado por la conducta y la actitud de los hombres, a veces por su falta de sensibilidad o responsabilidad.
Dice la Sagrada Escritura que el Creador divino, al ver la obra que había realizado, vio que faltaba algo: todo habría sido bueno si el hombre no hubiera estado solo. ¿Cómo podía el hombre solo ser imagen y semejanza de Dios, que es uno y trino, de Dios que es comunión? «No está bien que el hombre esté solo; voy a hacer alguien como él que le ayude» (cf. Gn 2,18-20).
Los dos están llamados a vivir en profunda comunión, en un recíproco reconocimiento y entrega de sí mismos, trabajando juntos por el bien común con las características complementarias de lo que es masculino y de lo que es femenino. ¿A quién se le oculta hoy la necesidad de dar más espacio a las «razones» del corazón?
Hoy nadie debería dudar que las mujeres, sobre la base de su igual dignidad con los hombres, «tienen pleno derecho a insertarse activamente en todos los ámbitos públicos y su derecho debe ser afirmado y protegido incluso por medio de instrumentos legales donde se considere necesario. Sin embargo, este reconocimiento del papel público de las mujeres no debe disminuir su función insustituible dentro de la familia: aquí su aportación al bien y al progreso social, aunque esté poco considerada, tiene un valor verdaderamente inestimable» (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1995, n. 9).
La presencia materna dentro de la familia es tan importante para la estabilidad y el desarrollo de esta célula fundamental de la sociedad, que debería ser reconocida, alabada y apoyada de todos los modos posibles. Y, por el mismo motivo, la sociedad ha de llamar la atención a los maridos y a los padres sobre sus responsabilidades respecto a su propia familia.
La edificación de toda familia cristiana se realiza dentro de esa familia más grande que es la Iglesia, la cual la sostiene y la estrecha en su pecho, garantizando que sobre ella, ahora y en el futuro, se pose el «sí» del Creador”.